¿Cómo nace Nada es tan cierto?

Nada es tan cierto no es solamente una marca de diseño independiente Nacional, sino también  un concepto. Uno  abstracto y místico que  fue y sigue tomando forma lentamente y que  busco definir  en imágenes y palabras, para transmitirlo, más allá de las prendas de ropa. Asi que iré por partes

La frase Nada es tan cierto nació escrita en un guión, tipografía Courier número 12, como se estila en los guiones.  Era una frase anónima, un mensaje o una pista  que la protagonista debía descifrar. Estaba huyendo de algo, y como en la estructura clásica del camino de héroe, esta debía sentir el llamado a la aventura. Luego negarse a ésta, y verse obligada, por  razones más fuertes que ella misma seguir el llamado. Para eso a veces necesita una ayuda, un mentor o una clave que reafirmen y ayuden ala protagonista a embarcarse en la gran aventura de sus vida.   

Para la filmación la traducción física de la  frase, fue una tarjeta  de fondo de fondo negro, donde estaba  compuesta de letras recortadas de revista en el estilo collage. Sellada y plastificada. Un amigo la vio y vio una etiqueta de moda. Pensó en mí y me la dio. Me dijo, así se debería llamar y ver tu marca.

Al principio no me convenció, especialmente el nombre. Lo agradecí y lo rechacé de plano con una sonrisa, aduciendo a que lo pensaría. Lo sentía un poco frío, largo y distante de lo que yo pensaba sería mi marca. Reconocía  el misterio la frase, y aunque me seducía, sabía que el nombre debía  nacer de mí. Así que  guardé la tarjeta en un cajón.

Pasaba el tiempo,  en mis estudios ya avanzados de diseño de vestuario, se comenzaba a trabajar el proyecto de título. Yo haría la marca con la que había soñado desde el principio de los estudios. La creación de marca propia avanzaba, la conceptualización, los referentes, los estudios de mercado, pero nunca lograba concretar la información  con un nombre. Evitaba nombrarlo, más allá de "mi proyecto". Pero  el día de la entrega en que  debía crear no solo el nombre sino también un logo, llegó. Había que tomar una decisión y recurrí a aquella tarjeta, que seguía guardada en el cajón. No tan convencida la nombré así. Total podía ser transitorio. El concepto me gustaba; era misterioso y ecléctico.  Tenía una historia. Al definirlo le di esas cualidades un poco ambiguas, que luego podrían cambiarse y darle paso a ese nombre ideal que aparecería al ir concretándose.

Comencé escribiendo la frase en la hoja blanca de Illustrator  por defecto del programa.  Luego en todas las tipografía posibles. No encontré lo que buscaba. Odiaba los monogramas, tanto como las marcas con el nombre completo de  los creadores, me gustaba  que la frase dijera tan poco de a persona tras la marca y me acomodaba que no dijera nada de mí. Así que en ese ánimo comencé por un dibujo. No recuerdo cómo, pero es lo que se rememora como esos momentos  trascendentales,  en que las cosas toman forma por sí solas, guiadas por algo interno y místico.  Apareció el corazón roto, y cómo es un corazón roto sino un corazón completo que ha sido mil veces remendado. Me hizo total sentido, no solo con la experiencia humana creadora, sino también con el ámbito mismo del diseño de vestuario, la construcción, el corte y la costura. Es un proceso compuesto de parte y etapas como la vida misma. En la que nada es tan cierto y todo pasa. Cambia, se da vuelta y recompone. Se transforma. Como la materia también la moda. Todo.

 

Un corazón roto, una pena, un trauma, una idea.